El rockero se conoce en la batalla

 Paso a paso muchas agrupaciones han construido un proyecto musical sostenible y que se mantiene activo en el tiempo pero también, existe la historia de bandas que queman los cartuchos muy pronto y pasan al olvido sin pena ni gloria. ¿Por qué es tan difícil mantenerse? Hoy en HagalaU ofrecemos una mirada que no pretende ser la última palabra pero sí una versión con la que deseamos aportan a la reflexión que aplica nosolo para Medellín sino también para otras ciudades Colombia.

Santiago Arango Naranjo // @santiagocancion // 3 de julio de 2019

“A los músicos les falta paciencia”, es lo primero que dice Juancho, guitarrista de la banda de death metal Masacre cuando responde a la inquietud por la dificultad que representa la actividad en el tiempo y sostenibilidad económica de una agrupación de rock.

“Muchas agrupaciones quieren llegar a grandes festivales como Rock al Parque o Altavoz y ya”, agrega el músico, refiriéndose a la poca visión de proyectos que tienen su fin último en ese recital; y sí, si alcanzan esa tarima, claro que es un gran logro en las carreras para seguir adelante pero si no, muchos decaen y como guerreros derrotados, entregan las armas. ¡Se rinden muy fácil!

Una lucha de muchos. Las palabras de Juancho sirven como preámbulo para ahondar en el tema propuesto en este texto. Y hay que partir entonces de una pregunta:

¿Cuál es el objetivo de formar una banda? Las respuestas pueden ser tan variadas como tipos bandas de rock en la ciudad: ¡Parchar con los amigos! ¡Levantar nenitas! ¡Apostar por una vida dedicada a la música! ¡Denunciar! ¡Cambiar el mundo!...

Retomemos una: ¡Apostar por una vida dedicada a la música! Pero, ¿Por qué es tan difícil?

Javier Rodríguez, director de la emisora 95.9 Cámara FM es concluyente: “Es un problema de formación de públicos. El público es perezoso, no investiga, no valora la creación de los músicos ni el proceso que hay detrás de las obras, por ende, por ejemplo, no pagan una entrada de un concierto”.

Y acá cabe el ejemplo del Rocka Rolla Medallo Fest, evento que fue cancelado por la falta venta de boletas pues a 4 días del recital no se habían vendido más de 600 boletas, según Mauricio Villada, promotor del espectáculo. Este evento –que se esperaba lograría un positivo golpe de opinión en Medellín- serviría para la celebración de los 30 años del grupo de death metal Masacre; con ellos, estarían Witchtrap, Morbosidad (USA), Vulcano (Brasil), Death Kult y otras bandas. Eran en total nueve grupos, bandas históricas y otras nuevas en un lugar maravilloso para conciertos como lo es el Orquideorama del Jardín Botánico… pero el público no respondió.

El magíster en comunicaciones y periodista de HagalaU, Alexander Múnera, opina al respecto que hablar de sostenibilidad económica encierra “muchas variables; pero un punto esencial es que hay bandas que le enseñaron a su público a que debían pagar por sus conciertos y por sus canciones… pero eso lo hacen muy pocas”.

¿Falta reinvención? En pleno siglo XXI hay tantos retos como oportunidades. Ha aumentado el número de agrupaciones (el ejemplo es una convocatoria como Altavoz Fest que recibe hasta 260 bandas o el Bazar de la Música que suma hasta 140 propuestas); también hay más festivales  con apertura para sonidos alternativos y afines al rock  (Breakfest, Festival Hertz, Rock Comuna 4, Rock al Río en Rionegro, Víboral Rock en El Carmen de Viboral, Más que sonidos en Guatapé, Festival Internacional de Rock de Castilla, Carnaval Fest, Invazion, Heaven and Hell y Shama Fest en Entrerríos, entre otros); además, han aumentado los estímulos públicos para músicos y gestores con iniciativas como Presupuesto Participativo o los provenientes de la alcaldía de Medellín y el Ministerio de Cultura, entre otros; en el caso de la empresa privada (con una mirada todavía muy centralista), la torta económica se la llevan los grandes eventos como Estéreo Picnic y Sónar.

Faber López es vocalista del grupo de punk KDH y sobre el tema en cuestión considera que la sostenibilidad “es más compleja porque nos gusta mucho lo tropical pero más allá de eso, porque la gente trabaja en islas según sus gustos, ya sea punk, metal o gótico… no se valora el esfuerzo de la gente por tener una banda y mantenerla en el tiempo”. En efecto, ¡falta más trabajo colaborativo!

Otro aspecto fundamental para este texto es reconocer el cambio del modelo de la música en la actual era digital. “Los músicos deben entender que el esquema tradicional de sacar discos, dar conciertos, presentar videoclips y buscar girar, ha cambiado pero sobre todo, se ha expandido”, explica el periodista Sebastián Martínez de la emisora Radiónica.

Y sí que ha cambiado. La revolución de Internet trajo consigo profundos cambios en todos los aspectos de la vida social y las prácticas culturales como la música también han sido extremadamente afectadas por el actual ecosistema digital.

Por eso la producción, circulación, promoción y difusión de la música en el siglo XXI ha mutado pues la llegada de la denominada hipermúsica o música en la era digital, transformó las prácticas de los usuarios y los músicos en el mundo.

En pleno año 2019, además de la producción y transmisión de la música, hay algo que la hace especial y es la posibilidad de ser comentada, compartida y puesta a consideración por medio de redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram.

¿Cuál es la reacción del seguidor cuando un grupo estrena un videoclip o una canción? Esta es una opción: lo ve en su teléfono móvil, le da “Me gusta” e incluso puede copiar el link de ese videoclip y pegarlo en su muro de la red social Facebook, donde además, puede etiquetar en la publicación a aquellos seguidores que conoce –una comunidad digital creada por gustos similares- y que sabe, también podrían emocionarse con el nuevo material audiovisual. En ese terreno, ¿se están preparando los músicos para aprovechar las bondades y a su vez enfrentar las dificultades de las nuevas formas de consumo a la hora de afianzar su audiencia? Se pueden generar ingresos de monetización de Youtube o recibir un pago –simbólico en la gran mayoría de los casos para los grupos independientes- a través de las reproducciones de Spotify o la relación de los derechos pero, ¿han asumido los músicos está dinámica con el rigor que se requiere?

Son muchas las preguntas que despiertan las dinámicas digitales y su impacto en la música pero no ahondaremos en ellas, lo cierto es que hay que estudiar el tema, prepararse, ser a la vez crítico y no pensar que todo está en las redes o en las plataformas, ¡no se puede perder el contacto del abrazo con un seguidor!

David Bermúdez del grupo de hard core Grito hace una reflexión que es vital al plantear una mirada global; el músico, comenta: “Es una lucha constante contra la corriente, es un tema paralelo a los proyectos de vida y a los trabajos tradicionales. Muy pocas personas o bandas logran una constante entrada económica para sostener los proyectos; estamos en un país tropical y vender rock es difícil aunque no es complejo solo acá en Medellín sino que también es complicado en muchos lugares del mundo”.

Y es así, lo mismo pasa (según el contexto particular y no solo en el rock) de Colombia a Perú, pasando por México, Estados Unidos y llegando hasta España, ¡a los músicos y los involucrados en este universo les toca guerrear, abrir espacios, crear puentes con otras ciudades o países! ¡La música, las artes y los espectáculos en este país todavía no inciden de manera d e t e r m i n a n t e desde la óptica –ojo a la salvedad- económica en el Producto Interno Bruto del país; quizás (solo quizás) cuando suceda, la actual industria en desarrollo de la música recibirá la atención que creemos merece. ¿Y las políticas de la Economía Naranja en Colombia? Toca esperar, todavía está en pañales la apuesta del actual gobierno del presidente Iván Duque.

Y a esto súmele: las dificultades de sostenibilidad también las padecen los gremios y sus implicados (actores, interpretes, estudios de grabación, medios especializados, ensayaderos, salas…) tanto en el teatro como en el cine (aunque la Ley 814 de 2003 trajo grandes beneficios), la danza, los museos, el cómic y muchos otros, así que el circuito del rock no puede sentirse -así lo amemos- especial.

Así que se trata entonces de seguir planteando preguntas para infectar la cabeza; en el caso –en general- de los músicos: ¿Ya hicieron circuitos de bares? ¿No han llegado a Marinilla y ya quieren tocar en Rock al Parque y ser invitados a un festival internacional? ¿De qué manera sus presentaciones son una experiencia memorable para el público que los hará volver a uno de sus conciertos?

“Hay que sembrar para recoger”, concluye Juancho de Masacre; Y su compañero y vocalista de banda, Alex Oquendo, lo deja claro cuando recuerda la gran lección que le dejó Elkin Ramírez cuando le decía:

“Esto es lo que escogimos para nuestra vida, Alex, no hay tiempo de devolvernos, ya lo que está construido hay que fortalecerlo, sigamos adelante”.

Lo sentencia el adagio popular: ¡El guerrero se conoce en la batalla!

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